De la interpretación al sampling

Tres propuestas para el quehacer teológico en clave posmoderno y público

"Todos ponen la misma banda sonora a su vida, todos están postrados ante los pies de los mismos ídolos del consumo. El sampling recorta fragmentos radicales de ello y le vuelve a dar un lugar a la utopía.” (Paul D. Miller)

"Todos ponen la misma banda sonora a su vida, todos están postrados ante los pies de los mismos ídolos del consumo. El sampling recorta fragmentos radicales de ello y le vuelve a dar un lugar a la utopía.” (Paul D. Miller)

Introducción

En este ensayo quiero reflexionar sobre algunos caminos, marcos y formas alternativos y subversivos para hacer, pensar y narrar teología.[1] Antes de invitar al/a la lector/a de este ensayo a pasar por mi pequeño puesto en la “ágora” que para mi es la teología, quiero anteponer algunos datos autobiográficos para contextualizar y tal vez también facilitar la mejor comprensión de mi juego teológico.

Nacido en las ochentas, viví mi juventud y adolescencia en plena era de las nuevas tecnologías y sobre todo del internet. Si bien al principio me limitaba a recibir, observar y consumir, recientemente busco involucrarme, mandar, publicar, conectar de forma más activa a través del blogging, micro-blogging (Twitter) y de las nuevas redes sociales. Es ahí donde creció mi fascinación por ese espacio donde sigo encontrando narrativas, símbolos y visiones interesantes. Otra “reserva de sentido” mía son los ritmos y letras urbanos y subculturales del Hip Hop que por un lado son ajenas a mi realidad que conocí viviendo el mayor tiempo de mi vida en un pueblo pequeño en Alemania, pero que por otro lado me fascinaron por la manera de entrelazar, sincronizar y subvertir narrativas y melodías. Y ahora, viviendo en el gran centro urbano de Buenos Aires esa fascinación volvió con aun mas fuerza que ya es imposible no hacerla punto de apoyo en mi quehacer teológico. El habitar en una ciudad como Buenos Aires también despertó mi interés por las redes sociales (culturales, religiosas, sociales, políticas y económicas) que convergen, sincronizan, se entrelazan, se sobreponen y oponen en ese lugar pero también en las personas que habitan ese lugar.

De aquí se deben entender los tres marcos que elegí para pensar, hacer y narrar teología: el sampling, el concepto del open source (código abierto) y de las redes sociales.

El quehacer teológico se hace peregrinando

Como ya mencione al principio, justamente en los grandes centros urbanos – como Buenos Aires – se encuentra una pluralidad de distintas redes sociales que habitan el lugar de manera sincronizada, antagónica y entrelazada. Si antes las iglesias eran los lugares donde esas redes creaban nudos, en la era de la secularización ya no lo son. Por lo menos no de modo monopólico. Si vemos la secularización como “una transformación del lugar social de la religión […] relocalización […] privatización […]  pluralización de lo religioso”[2] se puede decir que los lugares donde convergen las redes muchas veces cargan símbolos o narrativas religiosas aunque se encuentran afuera de las catedrales, iglesias, parroquias y templos. Peregrinando por Buenos Aires uno/a puede pasar por el Santuario enfrente del ex-Cromañon o por la Bombonera, por Plaza de Mayo donde cada jueves las madres de Plaza de Mayo hacen sus rondas[3] o por un recital de Leon Gieco[4]. En todos esos lugares lo religioso no solo se gesta desde una carencia, sino desde una esperanza, desde lo festivo y corporal y desde la resistencia.

El quehacer teológico en clave posmoderno y público entonces también se hace así: salir de las facultades o iglesias para transitar las calles en búsqueda de esos lugares, entrar en sus símbolos y narrativas religiosas como si fuera un ejercicio meditativo o una peregrinación. En fin eso significa también aceptar y asumir lo radical del “sacerdocio de todos/as los/as creyentes” (Martin Lutero).

De la interpretación al sampling

Le invito al/a la lector/a a pensar un momento el quehacer teológico en características musicales. Ejercido entonces en su forma “clásica”, académica y occidental, se asemeja en gran manera a lo que es la interpretación en la música clásica europea. Lo importante aquí es interpretar lo fijado en las notas de la partitura – tanto en la comprensión como en la presentación a un público. Obviamente eso significa que cada interpretación nunca puede ser igual al original, ya que cada intérprete o grupo de intérpretes pone acentos propios y lee, toca e interpreta a las notas de forma distinta. Sin embargo no cambia la partitura, lo escrito y fijado en notas, y a causa de eso se puede considerarlo un método cerrado. Mientras tanto en la música no-europea como en el jazz y el folklore no es tan importante la interpretación exacta de lo fijado, sino más bien la improvisación sobre lo tradicional. Eso es el método que es propio de las teologías contextuales que son ejercidas de sujetos emergentes. Mientras las teologías “clásicas” interpretan generalmente sobre las mismas temas/piezas/obras y dominan de cierta manera los espectáculos, a los sujetos emergentes les es concedido un foro marginal y a veces exotico en que pueden improvisar sobre lo tradicional agregándole siempre temas nuevos.

En el contexto posmoderno, urbano y tecnológico, mientras tanto, se gestaron nuevas formas de hacer música como por ejemplo el sampling. Aquí se trata de un método que sobre todo es usado en el Hip Hop, tomando fragmentos de otras melodías para reconfigurarlas, remezclarlas y sincronizarlas con otras melodías.[5] Paul D. Miller, DJ y escritor, dice del sampling que “[s]ubvierte el copyright de los poderosos y pasa sus contenidos de contrabando por el control del recuerdo. […] Todos ponen la misma banda sonora a su vida, todos están postrados ante los pies de los mismos ídolos del consumo. El sampling recorta fragmentos radicales de ello y le vuelve a dar un lugar a la utopía.”[6] En su libro Miller compara su ciencia del ritmo con una forma de narrativa y dice que el sampling permite entrelazar, reinterpretar y reconfigurar de forma libre distintas narrativas, sincronizando distintos tiempos, conceptos e ideas, creando asi cierta hibridez.[7] Pero como se trata de un método abierto, eso es que lo hibrido en cualquier momento por otra persona puede ser reconfigurada, es mejor hablar de procesos de hibridación como lo propone Homi K. Bhaba.

¿Cómo entonces el sampling puede constituir al quehacer teológico? De hecho el sampling como entrelazar, reinterpretar y sincronizar narrativas no es ajeno a la(s) teología(s), por lo menos las bíblicas. Pienso en la narración sobre el nacimiento de Moisés que remezcla fragmentos de la leyenda acádica de Sargon, el libro Job que entrelaza un poema densamente teológico con una narración popular y en los evangelios como mixtape/collage en que sincronizan distintas fuentes, imágenes y tradiciones sobre Jesús.

Lo que vale rescatar entonces es la libertad de tomarse de otros conceptos, tradiciones, narrativas (sean profanos, no-teológicas o hasta de otras religiones) para remezclarlos, sincronizarlos, entrelazarlos sin ser condicionado/a por dogmas o ideologías. Al mismo tiempo no se debe ver a la propia narrativa hibrida como algo cerrado sino siempre abierta al “sampling” de otra persona. El sampling también puede ayudar a subvertir el copyright que parecen tener algunos teólogos “clásicos” sobre los grandes temas de la teología. ¿No es inmensamente liberador pensar en como una teóloga eco feminista narre la trinidad tomándose de narrativas de los disability studies o en un teólogo dalit reflexionando sobre la inmanencia y la trascendencia? Como concluye Miller: “Los únicos limites son los juegos que jugas y como los jugas.”[8]

El proyecto teológico como código abierto

Por cierto se puede decir que no hay teología que no sea pública, pero veo que hay pocas que asumen esa condición de manera consciente y activa. Debido a eso quiero proponer un concepto, que por un lado parece tan ajeno al quehacer teológico, pero que por otro lado puede satisfacer a las exigencias de los nuevos sujetos y temas emergentes en la teología. Se trata del open source/código abierto que cobro mayor reconocimiento por proyectos como Linux o también Wikipedia. La idea detrás del código abierto se potencio por el internet que en mi comprensión es radicalmente público, plural, democrático y anárquico, ya que efectivamente no dispone de un fundamento común ni de un lugar único y hegemonial de poder y que constantemente se transforma a causa de los antagonismos inherentes a su sistema.[9] Es en ese contexto que Eric S. Raymond opone el modelo catedral (representado por sistemas operativos comerciales a la Windows) al modelo bazar (representado por sistemas operativos libres como Linux). Mientras el primer modelo se caracteriza por su enfoque más bien jerarquizado, centralizado y planificado desde el principio y su construcción por fuerzas elitistas y altamente especializadas, el segundo propone diferentes agendas y propuestas como en un bazar en que rige un supuesto caos y donde aparentemente solo por “una sucesión de milagros” puede emerger cierta estabilidad y coherencia.[10] Además afirma que “los mejores desarrollos surgen al abordar soluciones personales a los problemas cotidianos del autor, y de se difunden porque el problema afecta también a un amplio grupo de usuarios”[11].

Pensar la teología y los proyectos teológicos de esta manera puede ayudar a evitar los falsos mesianismos concretizados en  conceptos cerrados y presentados como monolíticos. Asimismo también puede prevenir entender el quehacer teológico como algo que solamente puede ser ejercido por unos pocos a los cuales ha sido revelado tal arte secreta. Partiendo desde el análisis del mercado religioso de Stephen Warner, reafirmo la “variedad de sujetos creyentes (consumidores) que eligen racionalmente entre un amplio espectro de recursos (religious commodities) que satisfacen distintos tipos de demandas y necesidades”[12]. Pero afirmo aun más que en el proyecto teológico que funciona como un código abierto los sujetos creyentes no solo consumen sino deben participar de manera activa en el desarrollo de los recursos que pueden satisfacer sus necesidades. Por eso el proyecto teológico debe ser funcional a un problema, eso es intrínsecamente contextualizado y contingente, poniendo mas énfasis sobre la integridad del proceso que sobre el producto final. Asumiendo la propia contingencia significa también dejar ese proceso siempre abierto a la acción divina.

Horizonte abierto

Justamente como lo esboce en el capitulo anterior quiero entender a este ensayo: como punto de partido, como proyecto y horizonte abierto. Además es un proyecto que debe inscribirse de todos modos en el proceso democrático que percibo como “acción de sujetos que reconfiguran las distribuciones de lo privado y lo publico, de lo universal y lo particular”[13]. En fin ¡se trata de sampling!


[1] Por esta razón este ensayo es mas que nada un intento de formular algunos prolegómenos para el quehacer teológico (público) y no tanto un concepto de una teología pública.

[2] Panotto, Nicolás, Secularización, mercado religioso y sujetos creyentes: un abordaje desde el Cono Sur, p.4.

[3] Walz, Heike, Madres Appear on the Public Plaza de Mayo in Argentina. Towards Human Rights as a Key for a Public Theology that Carries on the Liberation Heritage, en: IJPT 3, 2009, pp. 165 – 187.

[4] La Motte, Cristina, Yo que era una vez puse tierra a tus pies, 2011. La Motte demuestra en su libro lo litúrgico en los recitales de Leon Gieco.

[5] En la música rioplatense p.ej. Bajofondo utiliza el sampling para entrelazar  tango con ritmos electronicos.

[6] Fischer, Jonathan, Ein Interview mit DJ Spooky. „Die Amerikaner hassen es nachzudenken“, F.A.Z. 175.

http://www.faz.net/aktuell/feuilleton/pop/dj-spooky-amerikaner-hassen-es-nachzudenken-1257323.html

[7] Miller, Paul D., Rhythm Science, 2004, p. 24 – 29.

[8] Ibid., p.93.

[9] Esas son algunas de las características de la democracia radical esbozadas en Gadea, Walter Federico, Nuevas perspectivas de la democracia radical. La democracia radical en Ernesto Laclau, en: Pasado, presente y futuro de la democracia, 2009, pp. 455 – 462.

[10] Raymond, Eric S., La catedral y el bazar, 1997, p. 5.

[11] Ibid., p. 29.

[12] Panotto, Nicolás, Secularización, mercado religioso y sujetos creyentes: un abordaje desde el Cono Sur, p.5.

[13] Rancière, Jacques, El odio a la democracia , 2007, p. 89.